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Cuando la IA alucina: fallos divertidos y lecciones duras para su negocio

Persona sosteniendo un móvil con iconos de alerta y la palabra “AI”, que representa riesgos y fallos de la inteligencia artificial.

Imagen conceptual sobre errores de la inteligencia artificial y su impacto en la experiencia del usuario y la reputación de marca.

Año 2016. Microsoft lanza un experimento llamado “Tay”. Era un chatbot en Twitter que debía hablar como un adolescente “guay” y aprender mediante la interacción. ¿El resultado? En menos de 24 horas, Tay pasó de un simpático “los humanos son súper guays” a convertirse en un antisemita desatado que elogiaba a Hitler y difundía teorías de la conspiración. Microsoft tuvo que desconectarlo.

Han pasado casi diez años. Podría pensarse que la tecnología ya ha “madurado”. Pero la realidad de 2025 y 2026 demuestra lo contrario: la IA es más potente que nunca y, cuando falla, lo hace de forma espectacular.

En marketing, esto a veces resulta involuntariamente cómico. Para las empresas afectadas, es un desastre de relaciones públicas. Hemos reunido los mejores (y más absurdos) ejemplos y hemos analizado qué debe hacer para que no le ocurra a usted.

Lección 1: Confiar está bien, controlar es obligatorio, el problema de las alucinaciones

Uno de los mayores malentendidos sobre los LLMs (Large Language Models, modelos de lenguaje de gran tamaño) es creer que son bases de datos de conocimiento. No lo son. Son máquinas de probabilidad. No “saben” qué es verdad, solo calculan qué palabra es más probable que vaya después. Si se olvida esto, puede ser peligroso.

Conclusión para su estrategia: no utilice la IA como una “fuente de verdad” sin verificación. Si publica contenidos creados con IA (SEO, contenido, soporte), necesita obligatoriamente un enfoque humano en el circuito. La IA puede proponer, pero el ser humano debe verificar.

Lección 2: Cuando la eficiencia choca con la frustración, el fallo en atención al cliente

Muchas empresas quieren automatizar el soporte para ahorrar costes. Pero si el bot no tiene límites claros, se vuelve inútil o directamente dañino para el negocio.

Conclusión para su estrategia: automatizar no puede ser a costa de la experiencia. Un agente de IA debe reconocer cuándo no puede ayudar y escalar a una persona de forma fluida. Un bot malo le hará perder más clientes de los que le ahorra en personal.

Lección 3: Trampas técnicas y manipulación, edge cases y prompt injection

Los sistemas de IA se pueden manipular. Los usuarios encuentran formas de romper la lógica, prompt injection (inyección de instrucciones), o la tecnología falla ante situaciones simples pero imprevistas, edge cases (casos límite).

Conclusión para su estrategia: necesita medidas técnicas de seguridad. Un chatbot no debe cerrar acuerdos legalmente vinculantes sin validación humana o sin límites codificados. Además: debe probar sus sistemas en escenarios poco habituales (como cabezas calvas bajo la luz del sol) antes de salir en producción.

Lección 4: Su chatbot puede ser vinculante (responsabilidad y cumplimiento normativo)

Muchas empresas creen que un chatbot es solo un canal de atención “sin compromiso”. Los tribunales empiezan a verlo de otra forma. Si su bot promete algo o recomienda algo, su empresa puede responder por ello. “Lo dijo el ordenador” no es una defensa válida.

Conclusión para su estrategia: revise sus instrucciones del sistema con un enfoque legal. Una cláusula de exención de responsabilidad (“soy solo un bot”) muchas veces no basta. Si usa IA en atención al cliente para cuestiones contractuales o asesoramiento, las respuestas deben ser 100% seguras en términos de cumplimiento o deben escalarse a una persona.

Lección 5: El vuelo a ciegas del contexto, cuando la IA no tiene sentido común

Los modelos de IA son buenos detectando patrones, pero malos entendiendo el contexto del mundo real (sentido común). Toman las cosas literalmente, a veces demasiado.

Conclusión para su estrategia: no asuma que la IA “piensa de forma lógica”. No entiende física ni biología. En contenidos visuales (generación de imágenes) o automatización física (robótica), el control humano final es imprescindible.

Lección 6: Si entra sesgo, sale sesgo. Ética y selección de personal

La IA aprende a partir de datos del pasado. Si esos datos contienen prejuicios, la IA no solo los repetirá, sino que puede amplificarlos. Esto no es solo un problema ético, también puede derivar en demandas por discriminación.

Conclusión para su estrategia: revise los datos con los que entrena sus sistemas. Si usa la IA para decisiones de personal o segmentación de clientes, debe asegurarse de no trasladar prejuicios históricos al futuro. Las auditorías periódicas de equidad y no discriminación son imprescindibles.

Lección 7: la calidad no se puede falsificar, daño de marca por contenido barato

Intentar sustituir creatividad y calidad por IA para ahorrar suele salir mal. Los clientes notan la diferencia entre “apoyado por IA” y “generado sin cariño”.

Conclusión para su estrategia: use la IA como copiloto, no como piloto automático de su marca. La IA puede redactar borradores o aportar ideas, pero el control de calidad final y el “alma” del contenido deben seguir siendo humanos. El contenido barato le cuesta confianza, y la confianza es cara.

Lección 8: El “Valle Inquietante”: Cuando el cliente se incomoda en lugar de comprar

El “valle inquietante” describe el efecto de una figura artificial que parece casi real, pero pequeños detalles (mirada “muerta”, movimientos extraños) la vuelven inquietante. Los clientes no compran a “zombis”.

Conclusión para su estrategia: en nuestro artículo sobre errores de diseño web advertimos sobre la “sobrecarga visual” y las “imágenes intercambiables”. La generación con IA amplifica ese riesgo, crea visuales genéricos y, a menudo, con fallos que no transmiten identidad de marca. El usuario decide en milisegundos si confía. Un rostro inquietante destruye esa confianza al instante. Si parece barato, su marca se percibirá como barata.

Conclusión: reírse está permitido, la imprudencia no

Estas historias son divertidas, pero muestran un problema serio: muchas empresas implementan IA con prisas, sin entender los riesgos. La IA escala todo, también los errores. Si su proceso es débil, la IA solo acelerará un fracaso que ya estaba en camino.

La IA no es una varita mágica. Es una tecnología potente que requiere liderazgo, reglas claras y supervisión humana. En nuestra agencia lo vemos a diario: el éxito de proyectos de IA (ya sea en contenido, SEO o chatbots), no depende de la herramienta, sino de la estrategia y de los estándares de seguridad detrás.

¿Quiere usar IA sin aparecer en el próximo “best-of” de fallos? En Wisea le ayudamos a configurar agentes y automatizaciones de IA para que sean seguras, coherentes con su marca y eficientes. Contáctenos y lo planteamos: IA sin dolores de cabeza.

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